¡Ay, las croquetas de jamón! ¿Sabes qué me recuerdan? A esos veranos en Madrid, cuando mi tía Carmen nos recibía con una bandeja humeante recién salida de la sartén. El primer bocado siempre era una revelación: ese exterior dorado y crujiente que esconde un interior cremoso, casi fundente, con trocitos de jamón serrano que explotan de sabor. Desde entonces, juré dominar esta receta. No te voy a engañar, las primeras veces fueron un desastre (¡cuánta bechamel quemada!), pero cuando le pillas el truco, son magia pura. Lo mejor es que, aunque parecen sofisticadas, con unos pocos ingredientes y estos secretos que te voy a contar, quedarás como un chef.

Por qué te encantarán estas croquetas de jamón
¡Vaya por dónde empezar con estas bellezas! Lo primero, ese contraste de texturas que hace que no puedas parar de comerlas: la capa crujiente que se rompe con un sonido satisfactorio al primer bocado, y luego esa cremosidad interior que parece fundirse en tu boca. ¿A que ya se te hace la boca agua?
Pero eso no es todo lo bueno que tienen:
- Son el rey de las tapas: Perfectas para compartir con amigos, siempre quedan genial en cualquier reunión.
- Las puedes preparar con antelación: Haces la masa, formas las croquetas, y al freezer hasta el momento de freír – ¡sorpresa express para visitas inesperadas!
- El sabor del jamón serrano es inigualable: Esos trocitos salados que te encuentras son como pequeños premios en cada bocado.
¿A que ahora entiendes por qué en mi casa las llamamos «las peligrosas»? ¡Porque es imposible comer solo una!

Ingredientes para las croquetas de jamón
¡Vamos al lío! Para unas croquetas de jamón que hagan llorar de emoción (de la buena, claro), necesitas estos ingredientes básicos. No te asustes, son pocos pero poderosos. Yo siempre digo que con cosas buenas y sencillas se hacen maravillas.
Para la masa:
- 50 g de mantequilla – la buena, de la que huele a leche fresca
- 50 g de harina – la común de toda la vida sirve
- 500 ml de leche entera – nada de desnatada, que esto no es dieta
- 150 g de jamón serrano picado fino – aquí está el alma de la croqueta
Para el rebozado:
- 2 huevos – de los que tienen la yema bien amarilla
- 100 g de pan rallado – mejor si lo haces tú mismo con pan de ayer
- Aceite de oliva para freír – el bueno, que aguante temperatura sin humear
¿Ves qué sencillo? Con esto y un poquito de paciencia (y mis trucos que te contaré después), tendrás unas croquetas de infarto. ¡Ah! Y no te olvides de la sal, aunque con el jamón a veces casi ni hace falta añadirla. Pruébalo antes, que cada jamón es un mundo.
Cómo hacer croquetas de jamón paso a paso
¡Manos a la masa! Aquí te voy a contar exactamente cómo hago yo mis croquetas de jamón, con todos los trucos que he aprendido a base de prueba y error. No te preocupes si la primera vez no te salen perfectas – hasta a mí se me pegó la bechamel más de una vez. Pero sigue estos pasos y verás qué maravilla.
Preparación de la masa
Lo primero es la bechamel, el corazón de las croquetas. En una cacerola a fuego medio, derrite la mantequilla hasta que haga burbujitas pero sin quemarse – ¡ojo que esto es clave! Añade la harina de golpe y remueve sin parar con una cuchara de madera hasta que se forme una pasta homogénea. Ahora viene lo importante: vierte la leche poco a poco, siempre removiendo como si tu vida dependiera de ello. No pares hasta que quede una crema espesa que se pegue al dorso de la cuchara. Cuando esté lista, añade el jamón picado, mezcla bien y ¡listo! Extiéndela en una bandeja plana y al frío mínimo 30 minutos – si puedes dejarla una hora, mejor que mejor.
Formado y fritura de las croquetas
Ahora viene la parte divertida. Con las manos bien mojadas (esto evita que se pegue la masa), forma bolitas o cilindros del tamaño que prefieras – yo las hago como de una nuez. Pásalas primero por huevo batido y luego por pan rallado, asegurándote de que queden bien cubiertas. Calienta abundante aceite en una sartén (que cubra al menos la mitad de las croquetas) y cuando esté bien caliente pero no humeando, fríe pocas a la vez para que no baje la temperatura. Doraditas por todos lados, las sacas a un papel absorbente y… ¡a disfrutar! Eso sí, cuidado con quemarte, que las primeras siempre desaparecen antes de llegar a la mesa.

Consejos para unas croquetas de jamón perfectas
¡Ahora viene lo bueno! Después de quemar varias tandas y llorar sobre bechamel desastrosa, aprendí estos trucos que te salvarán la vida (y tus croquetas). Lo primero: ¡no te saltes el reposo en frío! La masa necesita al menos 30 minutos en la nevera para que sea manejable. Yo a veces la preparo de un día para otro y la diferencia es abismal.
Otro secreto: el pan rallado. Si puedes hacerlo tú mismo con pan del día anterior, ¡bingo! Le da un crujido que el industrial nunca igualará. Y sobre el aceite, cuidado con la temperatura – si echa humo está demasiado caliente. Yo uso un truco infalible: meto la punta de una cuchara de madera y si salen burbujitas alrededor, está en su punto.
Mi toque personal: después de pasarlas por huevo y pan rallado, las vuelvo a pasar por huevo y pan una segunda vez. ¡Doble capa, doble crujido! Eso sí, fríelas inmediatamente después para que no se empapen. Verás qué textura más gloriosa.
Variaciones de croquetas de jamón
¡Las croquetas son como un lienzo en blanco para volverse loco! Si quieres darle un giro a la clásica de jamón, prueba estas ideas que me encantan. Añade queso manchego rallado a la masa para un toque fundente que te hará cerrar los ojos de placer. ¿Más ligero? Cambia el jamón por pollo cocido bien picadito – queda súper jugoso.
Mis experimentos favoritos:
- Un puñado de espinacas cocidas y bien escurridas – verde que te quiero verde
- Unas hojitas de tomillo fresco o perejil picado para dar frescura
- Un chorrito de brandy en la bechamel (¡solo para adultos!)
Lo bonito es que puedes jugar con lo que tengas en la nevera. ¡La imaginación al poder!

Cómo conservar y recalentar croquetas de jamón
¡No te preocupes si te sobran croquetas! Aquí te cuento mis trucos para que se conserven como recién hechas. Lo mejor es congelarlas después de pasarlas por huevo y pan rallado, pero antes de freír. Las pongo en una bandeja separadas, las meto al congelador hasta que estén duras, y luego las paso a una bolsa hermética. Así duran meses y cuando las quieras, ¡al aceite caliente como si nada!
Si ya están fritas y las quieres recalentar, el horno es tu mejor aliado. Precaliéntalo a 180°C, ponlas en una rejilla para que el aire circule, y en 10-12 minutos estarán crujientes como el primer día. ¡Nunca uses el microondas! Quedan blandas y tristes. Aunque, entre nos… en mi casa nunca sobran, ¡son demasiado ricas!
Información nutricional de las croquetas de jamón
¡No nos engañemos, esto no es comida de dieta! Pero todo con moderación vale, ¿no? Por croqueta (calculando unas 20 por receta), aproximadamente tendrás:
- 250 kcal – ¡pero qué kcal más ricas!
- 15g de carbohidratos – del pan rallado principalmente
- 10g de proteínas – gracias al jamón y los huevos
- 18g de grasa – la mantequilla y el aceite hacen su trabajo
Ojo, estos valores son orientativos – cambian según el tipo de jamón, si usas leche entera o semidesnatada, o incluso cómo de doradas las frías. Yo prefiero no mirar mucho las calorías cuando se trata de mis croquetas… ¡el placer lo vale!
Preguntas frecuentes sobre croquetas de jamón
¡Vamos a resolver esas dudas que siempre surgen con las croquetas! Después de años haciendo (y comiendo) montones, estas son las preguntas que más me hacen – y mis respuestas probadas en batalla.
¿Se pueden hornear en lugar de freír las croquetas?
¡Claro que sí! Aunque no quedarán igual de crujientes, el horno es una opción más ligera. Precalienta a 200°C, pinta las croquetas con un poco de aceite de oliva y hornéalas sobre una rejilla unos 20 minutos, dándoles la vuelta a mitad. Quedarán más secas por dentro, pero siguen siendo deliciosas. Eso sí, si quieres la auténtica experiencia croquetera, el aceite caliente es insustituible.
¿Cuánto tiempo aguantan congeladas las croquetas?
¡Un montón! Si las congelas crudas (después de pasarlas por huevo y pan rallado), aguantan perfectamente 2-3 meses. Yo las guardo en bolsas herméticas separadas con papel de horno entre ellas. Cuando las quieras, directas al aceite sin descongelar – ¡como recién hechas! Si ya están fritas, mejor consumirlas en un mes.
¿Por qué me queda la bechamel con grumos?
¡Ay, el terror de los grumos! El secreto está en añadir la leche muy poco a poco al principio, removiendo como una posesa. Si ya los tienes, no desesperes: pasa la bechamel por un colador fino o tritúrala con la batidora. Y recuerda – fuego medio, nunca alto, y paciencia. La primera vez a todos nos pasa, ¡hasta a mi abuela le pasó!
¿Puedo usar jamón cocido en lugar de serrano?
Puedes, pero… ¡el sabor no será igual! El jamón serrano tiene ese punto salado y aromático que lo hace especial. Si usas cocido, añade un poco más de sal y quizás una pizca de pimentón para darle carácter. Pero te recomiendo probar primero la versión original – ¡luego ya no querrás cambiar!
¿Por qué se me rompen las croquetas al freír?
Seguro que no las dejaste reposar suficiente en la nevera. La masa necesita estar bien fría para mantener la forma. Otro truco: el aceite debe estar bien caliente (pero no humeando) para que se forme rápido una costra que las mantenga intactas. ¡Y no las revuelvas mucho en la sartén! Déjalas quietas un minuto antes de moverlas.

Croquetas de jamón
Ingredientes
Equipo
Method
- Derrite la mantequilla en una cacerola a fuego medio. Añade la harina y remueve hasta que se forme una pasta.
- Vierte la leche poco a poco, sin dejar de remover, hasta obtener una bechamel espesa. Incorpora el jamón picado y mezcla bien.
- Extiende la masa en una bandeja y deja reposar en la nevera durante 30 minutos.
- Forma las croquetas con las manos humedecidas. Pásalas por huevo batido y pan rallado.
- Fríe en aceite caliente hasta que estén doradas. Escúrrelas sobre papel absorbente.