¡Ay, las croquetas de jamón! No hay plato más español que este, ni más querido en mi casa. Desde que era pequeña, el aroma de la bechamel con jamón serrano llenando la cocina era señal de que venía visita o de que mamá quería darnos un capricho. Y es que estas recetas de croquetas de jamón son magia pura: crujientes por fuera, con ese pan rallado doradito que se rompe al primer bocado, y por dentro… ¡una cremosidad que te hace cerrar los ojos de placer! Mi abuela siempre decía que las croquetas eran el termómetro de una buena cocinera, y aunque al principio se me pegaba la bechamel, ahora hasta mis sobrinos me piden que las haga para sus cumpleaños.
Ingredientes para las recetas de croquetas de jamón
¡Vamos al lío! Para hacer las mejores croquetas de jamón, necesitas ingredientes de calidad. No te voy a engañar, la primera vez que las hice usé jamón cocido del súper y… bueno, mejor no hablemos de eso. Ahora solo uso jamón serrano bien curado, que es lo que le da ese sabor intenso que hace que las croquetas sean irresistibles. Aquí te dejo todo lo que necesitas, dividido en dos partes: la masa (que es donde está el alma de la croqueta) y el rebozado (que es lo que las hace crujir de esa manera tan satisfactoria).
Para la masa
Esta es la base de todo, así que presta atención:
- 50 g de mantequilla – Yo uso mantequilla sin sal para controlar mejor el punto de sal, pero si solo tienes con sal, no pasa nada, solo ajusta luego la sal del jamón.
- 50 g de harina de trigo – La normal de toda la vida, nada de harinas raras. Eso sí, que sea fresca, que no huela a rancio.
- 500 ml de leche entera – Fría del frigorífico, no hace falta que esté a temperatura ambiente como dicen algunas recetas. ¡Eso es un mito!
- 150 g de jamón serrano – Picadito bien fino, casi como si fuera polvo. Yo lo corto primero en trocitos con tijeras de cocina y luego lo pico más en la tabla. ¡Cuidado con los dedos!
Para el rebozado
Aquí es donde las croquetas consiguen ese exterior dorado y crujiente:
- 2 huevos – Batidos como si no hubiera mañana. Me gusta añadir una pizca de sal para que el pan se pegue mejor.
- 100 g de pan rallado – Si puedes, hazlo tú mismo con pan del día anterior. La diferencia se nota, créeme.
- Aceite de oliva suave – Para freír. No uses virgen extra, que se quema y amarga. Yo prefiero uno de girasol para freír, pero si quieres darle un toque español, el oliva suave va genial.
Cómo preparar recetas de croquetas de jamón paso a paso
¡Manos a la masa! O mejor dicho, ¡a la bechamel! Hacer croquetas de jamón es más fácil de lo que parece, aunque tiene sus truquitos. Te voy a contar exactamente cómo lo hago yo, con todos los detalles que aprendí después de quemar varias sartenes y terminar con la cocina llena de harina. Lo bueno es que una vez que le coges el truco, es como montar en bici, ¡no se olvida!
Preparar la masa de las croquetas
Aquí es donde la magia comienza. En una cacerola antiadherente (que te salvará la vida para limpiar después), derrite la mantequilla a fuego medio. Cuando esté completamente líquida pero sin llegar a burbujear, añade la harina de golpe y remueve sin parar con una cuchara de madera. ¡No dejes de mover! Esto es lo que llamamos un roux, y debe quedar como una arenilla húmeda, sin grumos.
Ahora viene el momento crítico: añadir la leche. Yo la echo poco a poco, casi a chorritos, sin dejar de remover ni un segundo. Al principio parece que se va a cortar, pero sigue batiendo y verás cómo se transforma en una crema suave. Cuando hayas incorporado toda la leche, sigue cocinando a fuego bajo unos 5 minutos hasta que la bechamel esté tan espesa que al pasar la cuchara se vea el fondo de la cacerola.
Fuera del fuego, añade el jamón picado y mezcla bien. Prueba y rectifica de sal si hace falta (aunque con el jamón serrano normalmente no es necesario). Extiende la masa en una bandeja plana -yo pongo papel de horno debajo para que no se pegue- y tápala con film transparente pegado a la superficie para que no se forme costra. ¡Al frigorífico mínimo 30 minutos! Sé que dan ganas de seguir, pero este reposo es clave para que luego puedas moldearlas.

Formar y rebozar las croquetas
¿Ya pasó la media hora? ¡Perfecto! Ahora viene la parte más divertida. Moja tus manos en agua fría (así la masa no se te pegará tanto) y coge porciones del tamaño de una nuez. Yo uso dos cucharas soperas para darles forma ovalada, pero si te animas, puedes enrollarlas entre las palmas. No te obsesiones con que queden perfectas, ¡el encanto está en que sean caseras!
Para el rebozado, prepara tres boles: uno con harina (esto es mi secreto para que el huevo se agarre mejor), otro con los huevos batidos con un chorrito de leche (queda más crujiente) y el último con pan rallado. Pasa cada croqueta por este orden: harina – huevo – pan rallado, y dales una última pasada por el huevo y el pan si quieres un rebozado extra crujiente. Colócalas en una bandeja y mételas otros 15 minutos en la nevera. ¡Sé paciente! Este segundo reposo hace que el rebozado quede firme y no se desprenda al freír.

Freír las croquetas de jamón
¡Llegó el momento de la verdad! Calienta abundante aceite en una sartén honda (que cubra al menos la mitad de las croquetas) a fuego medio-alto. ¿Cómo saber si está a punto? Echa un trocito de pan: si sube burbujeando rápidamente, está listo. Introduce las croquetas de 3 en 3 para que no baje mucho la temperatura del aceite.
Aquí viene otro truco: no las toques hasta que se doren por un lado (unos 2 minutos), entonces dales la vuelta con una espumadera. Cuando estén doradas por todos lados (otros 2 minutos), sácalas y colócalas sobre papel de cocina para que escurran el exceso de aceite. ¡Ojo! Que estarán que queman por dentro, así que aunque la tentación sea grande, espera al menos 5 minutos antes de probarlas.

Y ahora, lo mejor: servir calentitas, con una sonrisa y quizás un poco de limón para los que les guste el contraste ácido. ¿Ves? No era para tanto. ¡El aplauso de tus comensales hará que valga la pena cada minuto de preparación!
Consejos para unas recetas de croquetas de jamón perfectas
¡Ay, qué ilusión me hace compartir mis secretos para que tus croquetas queden como las de abuela! Después de años (y unos cuantos desastres culinarios), he aprendido que el diablo está en los detalles. Primero, el jamón: no escatimes, compra serrano de buena calidad. Es la estrella del plato, así que si el jamón es bueno, las croquetas serán una bomba de sabor. Yo siempre pido que me lo corten en la charcutería y luego lo pico finísimo en casa.
La bechamel debe quedar más espesa de lo que crees. ¿Mi truco? Cuando pienses «ya está», cocínala un minuto más. Tiene que pegarse al cucharón como una buena masa de tortitas. Si no, al enfriar quedará blanda y no podrás moldear las croquetas. ¡Ah! Y remueve siempre en forma de 8, así evitas los grumos como por arte de magia.
Para freír, el aceite debe estar a 180°C (si no tienes termómetro, prueba con un trocito de pan como te conté antes). Y por favor, no las amontones en la sartén. Sé que dan ganas de hacer muchas de golpe, pero si las fríes de 3 en 3, el aceite mantiene mejor la temperatura y quedan más crujientes. Un último consejo: sírvelas enseguida. Las croquetas esperando son como los chistes contados mal… ¡pierden toda la gracia!
Variaciones de las recetas de croquetas de jamón
¡La cocina es para experimentar! Aunque mi corazón pertenece a las croquetas de jamón serrano tradicionales, a veces me gusta jugar con los ingredientes. Si no tienes jamón serrano, el jamón cocido de buena calidad puede funcionar (aunque, entre nosotras, no es lo mismo). Pero mi variación favorita es añadir un puñadito de queso manchego rallado a la bechamel – ¡se derrite y crea un centro extra cremoso que hace que todo el mundo pida la receta!

Para darle un toque especial, prueba añadir una pizca de nuez moscada recién rallada a la bechamel. O, si te sientes aventurera, un poco de pimienta negra molida en el momento le da un puntito picante que contrasta genial con lo salado del jamón. ¡Las posibilidades son infinitas! Eso sí, sea cual sea tu variación, no te saltes el reposo de la masa. Ese paso es sagrado en cualquier receta de croquetas de jamón que se precie.
Cómo conservar y recalentar las croquetas de jamón
¡No te preocupes si te sobran croquetas! A mí siempre me pasa que hago de más «por si acaso» (y porque no puedo parar de comer la masa cruda). Para guardarlas, lo mejor es colocarlas en un recipiente hermético con papel de cocina entre capas. En la nevera aguantan 2-3 días, pero si quieres conservarlas más tiempo, al congelador que van. Yo las congelo después del rebozado, antes de freír, en una bandeja separadas. Cuando se endurecen, las meto en una bolsa de congelación. Así tengo croquetas de emergencia para cuando llegan visitas inesperadas.
Para recalentarlas, el horno es tu mejor aliado. Precaliéntalo a 180°C y coloca las croquetas sobre una rejilla con papel de horno debajo. En 10-12 minutos estarán como recién hechas. Si tienes prisa, el air fryer es una maravilla: 5 minutos a 160°C y quedan crujientes por fuera y cremosas por dentro. ¡Nunca uses el microondas! Te quedarán blandas como un chicle. Aunque si eres como mi tía Carmen, que dice que «lo importante es el sabor», pues allá tú… pero no digas que no te avisé.
Información nutricional de las recetas de croquetas de jamón
¡No nos engañemos, las croquetas no son precisamente ensalada! Pero tampoco hay que sentirse culpable por disfrutarlas de vez en cuando. Según mis cálculos (y los de mi nutricionista, que me riñe cada vez que le cuento que he hecho otra tanda), cada croqueta de jamón tiene aproximadamente:
- 280 calorías – Vamos, como un buen bocadillo, pero mucho más sabroso.
- 18g de grasa – La mitad es del jamón y la mantequilla, que le dan ese sabor tan especial.
- 12g de proteína – ¡Gracias al jamón y los huevos!
- 20g de carbohidratos – Principalmente de la harina y el pan rallado.
Ojo, estos valores son aproximados. Si usas más jamón o menos pan rallado, como hago yo a veces, pueden variar. Y por supuesto, si las fríes en aceite de oliva en lugar de girasol, la cosa cambia. Pero vamos, que si te comes 3 o 4 con una ensalada, no pasa nada. ¡La vida es para disfrutarla, croqueta en mano!
Preguntas frecuentes sobre recetas de croquetas de jamón
¡Ah, las dudas que nos asaltan cuando hacemos croquetas por primera vez! A mí me pasó igual, así que aquí van las respuestas a esas preguntas que todos nos hacemos (y que yo misma le hice a mi abuela entre lágrimas cuando mi primera bechamel quedó llena de grumos).
¿Se pueden congelar las croquetas de jamón?
¡Claro que sí! De hecho, en mi casa siempre hago el doble para tener reservas. Lo mejor es congelarlas después del rebozado, antes de freír. Las colocas en una bandeja separadas, las metes al congelador hasta que estén duras, y luego las guardas en una bolsa hermética. Cuando las necesites, sácalas y fríelas directamente sin descongelar – añade un minuto extra de cocción. ¡Quedan como recién hechas!
¿Cómo evitar que la bechamel quede con grumos?
¡Uy, esta es buena! El secreto está en dos cosas: primero, que la mantequilla no llegue a dorarse antes de añadir la harina. Segundo, y más importante, añade la leche poco a poco, casi a chorritos, removiendo sin parar con una varilla. Si aún así te salen grumos (que nos pasa a las mejores), pasa la bechamel por un colador fino antes de añadir el jamón. ¡Nadie lo notará!
¿Qué aceite es mejor para freír croquetas?
Después de probar de todo, te digo que el aceite de girasol es el que mejor me funciona – aguanta bien las altas temperaturas sin quemarse. El de oliva suave también va bien, pero cuidado con el virgen extra que se quema fácil y puede dar sabor amargo. Lo ideal es que el aceite esté a unos 180°C. Si no tienes termómetro, echa un trocito de pan: si burbujea enérgicamente y se dora en 30 segundos, está en su punto.
¿Por qué se me rompen las croquetas al freír?
¡Ay, qué rabia da eso! Normalmente pasa por dos motivos: o la bechamel no estaba lo suficientemente espesa (debe quedar casi sólida al enfriar), o no dejaste reposar la masa el tiempo suficiente en la nevera. Otro truco: si al rebozar pasas cada croqueta dos veces por huevo y pan rallado, quedará una capa más gruesa que las protege mejor durante la fritura.
¿Se puede hacer la masa de croquetas sin gluten?
Sí, aunque la textura cambia un poco. Sustituye la harina común por mezcla de harinas sin gluten (yo uso mitad harina de arroz, mitad maicena). La bechamel quedará menos elástica, así que añade un huevo batido a la masa fría para ayudar a unir. ¡Y paciencia al moldearlas! El rebozado también puede ser con pan rallado sin gluten o incluso con copos de maíz triturados, que quedan supercrujientes.

Croquetas de jamón
Ingredientes
Equipo
Method
- Derrite la mantequilla en una cacerola a fuego medio. Añade la harina y remueve hasta que se forme una pasta.
- Vierte la leche poco a poco, sin dejar de remover, hasta obtener una bechamel espesa. Añade el jamón picado y mezcla bien.
- Extiende la masa en una bandeja y deja enfriar en la nevera durante 30 minutos.
- Forma las croquetas con las manos, pasándolas por huevo batido y pan rallado.
- Fríe las croquetas en aceite caliente hasta que estén doradas. Escúrrelas sobre papel absorbente.